Comenzó por fin.
Ya no es un “dentro de tres días o
mañana”. Es hoy y ahora.
Es en éste presiso momento en que
vivo la aventura.
Sentado en una de las tatas mesas
vasias de un café cualquiera en Zárate esperando ue amaine el
diluvio que hay fuera. Diluvio que me hace pensar con agrado que la
ciudad despide con tristza mi partida. Esperando, entre otras cosas,
que arribe el micro que me conducirá a Entre Ríos.
Miro atravez de los grandes ventanales
enrejados del café y no puedo hacer más que pensar en todo lo que
dejo atrás para enfrentar mi destino. En todo los momentos que no
voy a vivir en compañía de mi gente querida. Pero encuentro
consuelo en la inagotable e infinita fuente de posibilidades que se
esconden en el camino que recorro.
Se abre ante mi un panorama pintados
de millones de colores. Tan rivo y variado que llena de encanto mi
alma.
Me voy contento. Con a certeza de que
lo que me espera es algo extraordinario. Con la certeza de que voy a
encontrarme en algún lugar, en algún momento con la gente que
quiero y conmigo.
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